Monday, September 19, 2005

El periódico de mañana: El Desenlace

Alfonso, llegó a casa muy cargado, depositó las bolsas en el suelo del salón y comenzó a trabajar a un ritmo frenético. Tapió las puertas y cerró las ventanas. Las reforzó con anchos listones de madera, cortó el teléfono, apagó los electrodomésticos, colocó el sofá frente a la puerta de entrada. Cargó su pistola y se sentó. Así inmóvil frente a su puerta, asustado, amenazante y amenazado, Alfonso esperó a su enemigo invisible durante toda la noche.
Se despertó sobresaltado, había tenido una pesadilla en la que Félix le disparaba a bocajarro en la nuca. Alfonso se tranquilizó, se estiró y observó a su alrededor; todo seguía igual. Todo estaba oscuro, todo apagado.
Era un desolador y tétrico paisaje. Alfonso caminó un rato por su salón, masticó unas cuantas patatas Matutano en la cocina y volvió al sofá, a seguir esperando la llegada de aquel. Ahora el cazador se había convertido en presa pensó Alfonso. Sin embargo las noche se sucedían con eterna y agonizante monotonía, nadie aparecía, nada pasaba. De la bolsa de patatas no quedaban más que migajas. Alfonso incomunicado, sucio y barbudo seguía impertérrito cual gárgola vigilante frente a la puerta que no se abría nunca.
Inmersos en aquel silencio atroz, sólo se oía el sonido que producían los periódicos al caer dentro del buzón que cada día depositaba el cartero. Alfonso sintiéndose más próximo de la locura que dentro de sus cabales abrió la puerta tras una serie de días inconclusos. Apuntando con su arma a todos los ángulos del portal de su lujoso apartamento, cogió los periódicos y corrió a refugiarse a su santuario. Alfonso se sentó de nuevo en el sofá y comenzó a ojear con fluidez los diarios en busca de noticias relativas a su persona.
Observó como a medida que pasaban los días desde que fue declarado desaparecido, el espacio dedicado al suceso en los periódicos iba disminuyendo progresivamente hasta prácticamente desaparecer. Ahora los diarios se adornaban de motivos navideños. Confuso y fuera de sí, Alfonso agarró aquella maraña de papeles impresos en que se habían convertido aquellos periódicos y los lanzó al aire. Después llorando, caído de hinojos al suelo miraba como las hojas descendían plácidamente como plumas posándose a su alrededor. Entonces vio una noticia que no había visto, y el corazón le dio un vuelco.
"El cuerpo sin vida del empresario de la comunicación Alfonso Ruiz Montoya fue encontrado ayer….." Alfonso se echó a llorar desconsolado, tembloroso, derrotado, frágil....Las lágrimas y torrentes de sudor frío caían por su marchito rostro y se estrellaban con violencia sobre el suelo. No podía resisitir este tormento. No podía más. Estaba solo. No tenía a quién recurrir. Nadie lo echaría de menos. Entonces Alfonso se introdujo el cañón de la pistola comprada a Costo en la boca. Y se voló la tapa de los sesos.
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Esta es la última historia maléfico-terrorífica con la que la Intifada os ha deleitado durante este giro copernicano que ha supuesto esta revista de verano. Como siempre el Jabalí espera vuestras sabios juicios y eleucubraciones. Ante los tiempos difíciles que se avecinan y frente a los nidos de serpientes que comienzan a ver la luz, los muyahidines vuelven a partir de hoy a sus orígenes. Ni un títere con cabeza.

Saturday, September 17, 2005

El periódico de mañana IV

Alfonso se levantó y desde lo alto escrutó la mirada del Inspector Ramírez. Sin pronunciar palabra cogió el ya desgastado diario, se dio media vuelta y salió de allí.
Sin saber muy bien por qué, Alfonso siguió a regañadientes el consejo del Inspector y se sentó en la barra de un castizo bar y sustituyó el sugerido el café por un whisky doble. Allí, comenzó a pensar; en comisaría tal vez habían sido razonables, tal vez todo se reducía a una diabólica broma que se estaba saliendo de contexto.
El vaso de whisky se estrelló con violencia en el mar de servilletas usadas, palillos y restos de comida que formaban el suelo. Alfonso atónito no daba crédito a sus ojos cuando en aquella televisión situada en lo alto, el Telediario abría con los titulares de la victoria madridista y la desaparición del magnate de la comunicación Alfonso Ruiz Montoya. Fecha 21 de Octubre.
Se marchó sin pagar, mareado, sin equilibrio, como si una siniestra bomba hubiera estallado en el centro de su alma, dispersando su espíritu, su vida y su cuerpo en un radio desconocido. Apoyado en una farola, intentó recuperar algo de aire y miró a su alrededor: gente que paseaba por las calles, coches que competían feroces en la jungla del asfalto….etc todo le parecía sospechoso, amenazante….el miedo era dueño y señor de su persona.
Avanzó entre la gente furtivamente, intentando pasar desapercibido, dobló un par de esquinas, cruzó tres calles y llegó donde quería. En una solitaria y húmeda esquina que formaba una especie de islote en mitad de aquel asfixiante laberinto urbano se alzaba un pequeño y cochambroso local. Aquí es donde Alfonso venía cuando debía eliminar de raíz algún molesto problema:
- Coño "Al", como tú por aquí ? cual es el problema de hoy? A quien hay que cargarse?
Saludó un pequeño y ancho de hombre de cejas pobladas y barba de seis días, limpiando con un sucio trapo el cañón de un revolver a quien llamaba "Milady" . Respondía al nombre de "Costo" y cobraba grandes sumas de dinero por acabar silenciosamente con personajes molestos para Alfonso:
- ¿Qué tal Costo? Hoy no tengo ningún trabajo para ti, simplemente he venido a hacer una compra.
Respondió Alfonso con tono lúgubre.
- Tu diras Al, ¿de qué se trata?
-Quiero comprarte una pistola

- Je,je… Alfonso pero si tú no has pegado un tiro en tu vida, déjamelo a mi, ya me ocupo yo de él
Contestó Costo desde las entrañas de aquel negro mostrador.
- Quiero comprarte una pistola y no voy a repetírtelo más.
- ¡Ok tio! No te pongas nervioso….escoge….
Costo sacó de un cajón una manta mugrienta y la extendió sobre el negro mostrador; bajo ella se ocultaban pistolas de toda clase. Alfonso observó la amplia variedad ofrecida, tomó una, apuntó al vació, pagó su precio y se marchó sin decir palabra. Costo guardó el resto de armas y siguió limpiando a Milady.

Thursday, September 15, 2005

El periódico de mañana III

Alfonso hablaba solo. Colgó y se tumbó sobre su mullido sofá; hoy echaban en la televisión de la competencia "Ciudadano Kane" y esa película le encantaba. Después se fue a dormir.
A la mañana siguiente se levantó, se duchó , desayunó y fue a recoger el periódico del buzón. Fiel a su costumbre, se sentó en el sofá y comenzó a leer el diario desde el final hasta el principio; de esta manera Alfonso creía reservarse para el final las noticias más "emocionantes" como él mismo las denominaba. Quedó muy sorprendido al ver en la sección de deportes como el Real Madrid había vapuleado al Barcelona en la vigésima jornada de liga:

-Mierda - masculló entre dientes - ese partido se jugaba ayer y no hoy…¡ya he vuelto a perderme al Madrid!
Alfonso prosiguió con su lectura con una misteriosa sensación de extrañeza y perplejidad; le resultaba imposible que no se hubiera enterado de la disputa de tan magnífico partido, un partido con enorme celebridad y eco en los medios de comunicación. Con el ceño fruncido se sumergió en las noticias económicas con la concentración de un cazador en busca de su presa y logró olvidarse del dichoso partido.
Alfonso fue incapaz de sostener el periódico cuando llegó a la sección de noticias nacionales. A toda página se hacía referencia de la desaparición de un magnate de la comunicación en extrañas circunstancias baranjándose entre otras, la hipótesis del secuestro y asesinato. Bajo el titular, la entradilla especificaba el nombre del triste protagonista del suceso, Alfonso no pudo contenerse y asustado lanzó el diario lejos de él, se tapó las cara con las manos sudorosas y temblorosas mientras en su cabeza resonaban las palabras de Félix " te voy a matar" como pronunciadas por almas atormentadas en busca de venganza. Se había publicado la noticia de su propia desaparición: "Se especula con la posible muerte de Alfonso Ruiz Montoya".
Minutos después, se levantó del sofá y recogió el periódico del suelo. Con gran pesar leyó y examinó detenidamente la noticia de su desaparición, hasta descubrir que la fecha de impresión del diario era "Domingo 21 de Octubre", Alfonso tragó saliva, entre sus manos sin saber cómo ni por qué, el empresario tenía un ejemplar del periódico de mañana. Tan solo un día para prevenir su propia desaparición o muerte o secuestro o accidente.

Empapado en sudor y sin cesar de caminar nervioso en círculos, estudió las posibilidades y su siguiente movimiento. ¿Los enemigos de Alfonso habrían decidido apartarlo del juego empresariasl? ¿ secuestro terrorista en busca de un cuantioso rescate?….pero sobre todo le inquietaban aquellas palabras de Félix, su mejor amigo, le conocía bien y sabía que su delicada situación le convertía tan peligroso como un animal acorralado. "Te voy a matar".
Alfonso tomó una determinación, y raudo se puso su elegante gabán agarró con violencia el periódico y se marchó a la comisaría situada a dos manzanas de su lujoso apartamento. Confiado de su influencia se presentó en el despacho del inspector jefe Ramírez, esperando un socorro y protección inmediata. La respuesta del inspector tras escuchar las trenzadas explicaciones de Alfonso fue una sonora carcajada:
-Pretende que me tome en serio esa noticia publicada en un periódico de mañana ¡jajajajajaja! Ejem, supongo que alguien habrá querido gastarle una broma macabra, el periódico auténtico, el de hoy, solo habla del Real Madrid - Barcelona. Váyase a casa y tómese un café calentito.

Wednesday, September 07, 2005

El periódico de mañana II

El señor Ruíz vivía solo, en un lujoso apartamento en un rascacielos en el centro de la ciudad. Nunca había estado casado, no tenía tiempo para mujeres ni familias, era el único aspecto en el que había sido sincero: las consideraba un estorbo para su carrera.
El teléfono sonó, era extraño pensó Alfonso, nadie le llamaba a casa excepto en casos urgente de trabajo o sus padres fallecidos ahora hace tres años. Tras comprobar que no era su amado móvil el que sonaba descolgó el teléfono.
-Diga
- Alfonso? Soy Félix tu "amigo"
-¿Como estas Félix? ¿cómo te va?
-¡Que como me va! Maldito cabrón ¿cómo me has hecho esto precisamente ahora
?
-Era lo mejor para la empresa.
-Era lo mejor para ti…. Sabes me hundo Alfonso, me van a embargar…. Mi mujer….mi mejor amigo.. sois unos hijos de puta.
-Félix lo siento
-Te voy a matar
-Felix?
Alfonso hablaba solo.

Tuesday, August 30, 2005

El periódico de mañana

Alfonso Ruiz Montoya era lo que la sociedad había determinado como un triunfador. Desde abajo, como un vulgar oficinista, había ascendido hasta hacerse con el control de la mayor empresa de comunicación del país. Aunque para ello no se sirvió de la ética ni del esfuerzo; la traición y la mentira fueron las armas utilizadas por Alfonso. Le faltaban los dedos de las manos para contar a sus enemigos y competidores.
Aquella mañana se levantó de buen humor, consultó su agenda para comprobar que al mediodía había sido fijada la reunión con los representantes de la industria informática "Future" con los que Alfonso iba a suscribir un acuerdo para adelantarse a sus rivales en campo de las nuevas tecnologías de comunicación. Aquel contrato significaba un importante paso adelante para los intereses de su empresa, prácticamente la estocada final para sus múltiples adversarios. Alfonso veía como su sueño de controlarlo todo estaba a punto de consumarse.
Tan puntual como siempre acudió a la cita. Le proporcionaron un bolígrafo plateado y dos folios que detallaban las características del contrato. Como hacía siempre en estos casos leyó detenidamente los pormenores del acuerdo, cuando detuvo la mirada en la cláusula 17 algo que le sorprendió:
- " La firma de este contrato conlleva los siguientes derechos y obligaciones:
La inmediata destitución de Félix Rodríguez del Campo como responsable del área tecnológica de " Mañana Comunicación" empresa de la que es propietario Alfonso Ruiz Montoya
.
Félix era su único amigo, desde que empezaron juntos como "chicos de la fotocopiadora" había sido su brazo derecho, su sostén, amigo y compañero; no podía despedirlo. Además Félix pasaba por un mal momento, acaba de divorciarse y su ex-mujer le reclamaba mucho dinero; un despido supondría el comienzo del fin para su amigo.
Alfonso resopló y observó a aquellos hombres sonrientes que no despegaban la vista del documento que tenía entre manos:
-¿ Que significa la destitución del señor Rodríguez?
Las sonrisas se desdibujaron con la rapidez con la que Alfonso pronunció estas palabras. Finalmente uno de ellos repondió:
-El señor Rodriguez como responsable del área tecnológica de su empresa ha boicoteado en numerosas ocasiones este proyecto tan beneficioso para ambas entidades. Además como ex - director de "Intro Enterprises"- nuestra competencia- el señor Rodriguez nos ha hecho mucho daño Señor Ruiz; simplemente no queremos que forme parte de esta ambiciosa apuesta. Usted decide: Vencer ahora o dejar que sus competidores resuciten.
La sonrisa volvió de súbito a la cara de aquel hombre impecablemente trajeado. Alfonso miró el contrato, pensó en su amigo, en su único amigo….
Y firmó.

Thursday, August 25, 2005

Ojos: El Desenlace

David encendió su último Ducados con la llama agonizante de su maltrecho mechero y aspiró con fuerza, como si la vida le fuera en el empeño. Arrojó la colilla al suelo y se tumbó somnoliento en el banco maldiciendo al tren que nunca llegaba cuando aquel rechinar de dientes resonó de nuevo. Más cerca. Erizando los pelos de su cuerpo. El ritmo cardiaco se aceleró fruto de un misterioso miedo poderoso dueño de David.
Saltó al borde del anden intentando capturar a quien jugara al escondite con él y de nuevo la oscuridad resultaba inescrutable. Fijo los ojos en una de las bocas del túnel haciendo un esfuerzo por no perder un ápice de atención y entonces vio como dos destellos marrones oscuros iluminaban la noche que emanaba del túnel. Agitó la cabeza asustado, tembloroso y volvió a mirar, los destellos ya no eran dos sino cientos; miles de puntos marrones situados hasta una altura de medio metro; parecían ojos diminutos que, al contrario que David, parecía complacidos de observarle.
Luchó por librarse del pavor que le inmovilizaba y corriendo intentó volver sobre sus pasos, hacia el exterior del Metro. Al girar la esquina volvió a mirar atrás. Los ojos permanecían inmóviles pero el rechinar de dientes silbaba con más fuerza que nunca como si una lluvia de flechas se abatiera sobre él.
Una larga y sucia escalera se erguía entre David y las taquillas del Metro. David subía a trompicones, tropezó y cayó de bruces sobre los mugrientos escalones en mitad de su ascensión. Al reincorporarse se empalideció al ver que al final de la escalera oscuras y pequeñas sombras se movían fugazmente en pequeños círculos.
Dio un paso atrás sin dejar de mirar esas amorfidades que seguían moviéndose frenéticamente sin avanzar un palmo de terreno, entonces se giraron y le miraron. Destellos marrones como ojos de nuevo parecían observarle divertidos.
David, dominado por el miedo se dio media vuelta y corriendo volvió por donde había venido. Llegó al anden y presuroso volvió a asomarse a la noche de aquel túnel, allí seguían los innumerables y curiosos ojos, inmóviles, observadores…tal vez hambrientos.
Paralizado David vio como lentamente comenzaron a avanzar hacía él. El rechinar de dientes se hacía insoportable, venía de ambos lados, estaba acorralado. El joven se encontraba paralizado.
Entonces de súbito el pánico estalló, e incomprensiblemente saltó a las vías del tren y gritando socorro se introdujo como una exhalación en el lado opuesto del túnel sin mirar atrás, enloquecido asustado ante aquellos ojos misteriosos y desconocidos. Eso no pareció gustarle a la mirada del mal.
El túnel engulló a David en un infierno oscuro y silencioso sólo perturbado por el rechinar de dientes cada vez más poderoso. No miraba atrás, corría a tientas en la más completa oscuridad, tropezando, cayéndose y levantándose de nuevo, sintiendo que aquellos ojos le perseguían y que irremisiblemente acabarían atrapándolo. Magullado, asustado, exhausto David tropezó por última vez, precipitándose de bruces sobre las vías y esta vez no pudo levantarse. Intentó hacerlo cuando sintió una ponzoñosa mordedura en la pierna, eran pequeños diminutos dientes, sucios por la textura pero afilados como crueles alfileres. Logro zafarse de aquella criatura de ojos destelleantes marrones exacta a los que había visto antes, pero detrás de ella aparecieron muchas más que se abalanzaron sobre el joven en una oleada de mordeduras, un mar de pequeños agujeros sangrientos que se abrían con violencia en el maltrecho cuerpo de David.
El dolor cesó pronto . El cuerpo devorado de David yacía en la oscuridad junto a las vías en la oscuridad del subsuelo de la capital.

El lunes el diario ABC, no recogía ningún dato sobre la desaparición de David Cano Sánchez, sin embargo el periódico en la sección local, los empleados del suburbano madrileño denunciaban la existencia de una insólita plaga de ratas en la telaraña de túneles del Metro.
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El ojo que tú ves no es ojo porque tú lo veas, es ojo porque él te ve.
La Intifada se despide durante four days in London City y espera, como siempre, vuestras sabias valoraciones...
¿A alguien se le ocurre hoy por hoy algún Metro más aterrador que el Underground londinense?

Wednesday, August 24, 2005

Ojos III

Una vez frente al andén se sentó en un banco y esperó al tren entre toses y movimientos rítmicos acelerados con sus piernas. El tren nunca llegaba, la espera se hacía eterna. David hurgaba frenético en sus bolsillos buscando ansiosamente algún cigarro perdido cuando oyó un extraño ruido similar a un siseante rechinar de dientes. Sobresaltado se asomó a la oscuridad del túnel esperando ver quién o qué había provocado aquel sonido. No vio nada.
Volvió a sentarse maldiciendo al tren que nunca llegaba. David estaba inquieto; miró a su alrededor buscando compañía pero no había nadie. La soledad en el subsuelo era completa. Intentando convencerse de que eran imaginaciones suyas se abrochó el anorak y se subió el cuello como una larva en su capullo. Miró el reloj, minuto tras minuto, el tren no llegaba 10 minutos después.
En la más completa soledad el ruido irrumpió con más fuerza e insistencia, David se levantó y volvió a asomarse a ambos lados del oscuro túnel, girando la cabeza en los dos sentidos intentando descubrir la verdad de aquel siniestro y tenebroso rechinar. La oscuridad era tal que parecía haberse interpuesto una pared negra en ambas salidas del túnel, sin embargo el sisear era cada vez más constante y, para temor de David, más cercano.
Se sentó con el propósito de no volver a oír nada, pensó que las drogas jugaban con él a un macabro mientras reían burlonamente. El ruido cesó por momentos. David resopló, se sintió orgulloso por creer que su cerebro había retomado el control sobre su tormento, y mientras esperaba a aquel maldito tren encontró en el bolsillo interior de su anorak un único cigarro Ducados doblado y sucio.